Lo que nos gusta
- Los originales mini-juegos.
- Crear un personaje de 0 y entrenarlo.
Lo que NO nos gusta
- Los problemas jugables, derivados de un mal sistema de control.
- Un apartado técnico muy discretito.
- El Lag arruina el modo online.
Análisis breve
Entretenimiento: 6 - Si conseguimos acostumbrarnos a la impredecibilidad de los partidos y pillamos determinados truquillos el juego tiene posibilidades. Lo mejor, sin duda, es crear a nuestro tenista (que puede ser un simpático gordito) y llevarlo a la gloria en el modo Tour; es muy gratificante ver cómo aumentan sus características con nuestro entrenamiento. El problema es que es difícil pasar por alto los problemas durante los partidos, y conectarnos online no hace si no agravarlos...
Mecánica de juego y control: 4 - El patinazo más grande de Smash Court Tennis 3 está en su sistema de control; lo que al principio parece una elevada curva de dificultad (con decenas de bolas yéndose fuera) acaba mostrando su verdadero rostro: un sistema impreciso, caótico y de extraña respuesta. Si a eso le sumamos una I.A. más que mejorable y un lag que afecta claramente a los partidos online, poco hay que sumar en este apartado.
Creatividad e Innovación: 7 - Detalles como poder pedir el ojo de halcón y los modos especiales (como el Tennis a Bombazos, o la versión Pac-Man de este deporte) ayudan a darle personalidad a un título que, de otra forma, sería completamente eclipsado los grandes del género. Sin ser revolucionarios, el modo tour y el editor de personajes también aportan su granito de arena.
Gráficos, sonidos, IA: 5 - Puede - y debe - exigirse mucho más de un título en esta nueva generación. Más allá de la alta resolución y la carga poligonal nos encontramos con un título que bien podría pasar por un juego mediocre de PS2. Los modelados son mejorables, la animación pobre... y las secuencias al marcar puntos, terroríficas.
El apartado sonoro también se pierde en la mediocridad, principalmente por culpa de unas melodías sin demasiado empaque que no ayudan a animar el monótono desarrollo de los partidos.
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