Rez HD – Ensayo sobre el arte en los videojuegos
El genial Tetsuya Mizuguchi nos ofrece otro de sus juegos de autor, en esta ocasión para Xbox Live Arcade
16 de Enero, 2008
La industria del videojuego es muy joven. Comparándola, por ejemplo, con la de cine, (que también lo es) le lleva cerca de un siglo de diferencia y que gracias a muchos grandes creadores se ha conservado y evolucionado hasta lo que hoy en día es. No cabe duda que el potencial de los videojuegos es, a priori, muy similar que el de cine e incluso superior en muchos aspectos por ofrecer una mayor comodidad y una experiencia mucho más interactiva. En el cine han existido, existen y seguirán existiendo grandes genios que han preferido seguir sus propias pautas dejando de lado los criterios más comerciales para ofrecer al espectador su propia visión de las cosas, más intimista y personal que puede llegar a ser incluso incomprendida, pero que gracias a las cuales podemos considerar al cine como un arte. Extrapolando esto al mundo del videojuego, en los últimos años han comenzado a surgir algunos creadores que hay que empezar a tener en cuenta en este mismo sentido y cuyas obras vamos a comenzar a denominarlas como “juegos de autor”, gracias a las cuales y dentro de algunos años esta industria también será considerada por la mayoría como ARTE (para todos aquellos que aún no lo crean). Este “pequeño” prólogo es imprescindible para poder nombrar a uno de esos geniales creadores de videojuegos, Tetsuya Mizuguchi, quien evidentemente y al igual que cualquier otro artista de cualquier siglo busca su propia forma de expresarse así como mantener saneadas sus cuentas (y quien diga lo contrario, miente).
El juego que ahora nos ocupa, Rez HD, es uno de los títulos de Mizuguchi-san en cuyo desarrollo original para la consola DreamCast en 2001 colaboró cuando era parte integrante del equipo de SEGA, y cuya revisión en 2008 para Xbox Live Arcade ha realizado con su propia compañía bajo licencia, Q Entertainment. La idea tras Rez HD es la misma que la de todas sus últimas obras, y que no es otra que la de enseñar al jugador música con la que poder interactuar. En este caso concreto, un juego de disparos clásico en el que controlamos un cursor por la pantalla que deberemos mover hacia el máximo número de objetivos posibles que irán apareciendo en ella y pulsar el botón de disparo en el momento en el que un punto concreto del enemigo se encuentre en su interior, siendo alcanzados de forma automática. También podemos hacerlo justo al contrario, es decir, mantener el botón de disparo (A) pulsado y pasar el puntero por los enemigos, lo que hará que se fijen de forma automática disparándoles al soltarlo, realizando de esta forma combos que crearán objetos para el personaje como energía extra. Esta es la excusa perfecta que nos permitirá jugar con la música de forma que cada disparo que realicemos, fijación de blancos con el cursor y acertar en los blancos escucharemos sonidos y melodías que se irán entremezclando con la música de fondo de forma magistral creando según avanzamos una melodía mucho más compleja y envolvente. La experiencia se completa con unos gráficos psicodélicos que parecen extraídos de la película Tron aunque mucho más subrealistas que llenan la pantalla de color, luz y brillo acompasados en todo momento por el ritmo de la hipnotizante banda sonora trance.
Llegados a este punto, algunos de los que estáis leyendo esto podéis caer en el grave error de pensar que para jugar con algo con esos gráficos siempre será preferible ponerse con cualquier otra cosa más vistosa. Sin embargo, la experiencia de juego que ofrece Rez está muy por encima de la inmensa mayoría de juegos que existen en la actualidad, ya que es capaz de trasladar al que se pone a sus mandos a un universo que podría resultar desconocido y del que saldrá viéndose a si mismo siguiendo el ritmo con los pies y totalmente envuelto por la explosión de sensaciones difícil de describir con palabras. Simplemente hay que probarlo y disfrutarlo, ahora más que nunca por el bajo coste del juego (800 puntos Microsoft) y por las pequeñas mejoras introducidas para esta versión Live que nos darán la oportunidad de verlo en una pantalla enorme en HD a una mayor resolución mucho más absorbente, 16:9 y, lo más importante, sonido Dolby 5.1, con lo que la expresión “flipando en colores” tendrá más sentido que nunca. A pesar de este detalle, los más nostálgicos también tendrán la oportunidad de olvidarse de HD y altas resoluciones para jugar con la versión original sin las mejoras, algo que en otros títulos aparecidos en Live puede tener algo de sentido pero que en este lo vemos poco útil.
Otra de las novedades de esta versión que queremos comentar aparte es una opción que encontraremos en el menú y que incluso en la versión española pasa a llamarse Trance Vibrator. El juego por defecto vendrá sin la opción de vibración activada, así que será altamente recomendable activarla en el menú de opciones. Allí encontraremos otra opción justo debajo de esta con este curioso nombre y que a algunos les sonará de la versión especial original aparecida en Japón para PS2, la cual venía acompañada de un periférico USB con este mismo nombre que reproducía las vibraciones de la música que estaba sonando en ese momento de forma mucho más intensa que cualquier rumble pack o dual shock conocido hasta la fecha, lo que sirvió en algunos casos hasta como juguete erótico (y no es coña) de muchas personas (sobretodo féminas) que no le veían otra utilidad. Lejos de parecer moralistas, este tema llegó a causar mucho revuelo en la prensa “especializada”, sobretodo fuera de nuestras fronteras por el uso que se hacía en algunos casos del periférico, y es que estamos hablando de un aparato cuyo único cometido era vibrar al ritmo de la música y que podíamos dejarlo encima de una mesa, en una silla donde estábamos jugando o, simplemente, sentarnos encima de él para sentir el juego mucho más intensamente. La opción Trance Vibrator en Rez HD nos permitirá activar la vibración de tantos mandos de 360 como tengamos, hasta un máximo de cuatro de forma independiente o todos a la vez que harán las veces del mencionado periférico. El uso, por supuesto, quedará a discreción del jugador.
Por todo esto, podemos concluir diciendo que son muchos los motivos por los que cualquier usuario de Xbox 360 debería darle una oportunidad a este título. Por su progresivo nivel de dificultad que se incrementará según la habilidad del jugador, por la experiencia que proporciona jugar con él, su maravillosa música que engancha desde el primer momento o su fácil mecánica de juego, o simplemente por ser uno de esos juegos que dentro de muchos años serán recordados como pioneros de esta industria. No todo van a ser fontaneros o erizos, y en este caso, Tetsuya Mizuguchi nos enseña como se va creando la historia de los videojuegos, un camino que algunos seguirán en unos años, otros imitarán, pero que nosotros en definitiva estamos viviendo ahora mismo, y por ello debemos sentirnos afortunados.
El juego que ahora nos ocupa, Rez HD, es uno de los títulos de Mizuguchi-san en cuyo desarrollo original para la consola DreamCast en 2001 colaboró cuando era parte integrante del equipo de SEGA, y cuya revisión en 2008 para Xbox Live Arcade ha realizado con su propia compañía bajo licencia, Q Entertainment. La idea tras Rez HD es la misma que la de todas sus últimas obras, y que no es otra que la de enseñar al jugador música con la que poder interactuar. En este caso concreto, un juego de disparos clásico en el que controlamos un cursor por la pantalla que deberemos mover hacia el máximo número de objetivos posibles que irán apareciendo en ella y pulsar el botón de disparo en el momento en el que un punto concreto del enemigo se encuentre en su interior, siendo alcanzados de forma automática. También podemos hacerlo justo al contrario, es decir, mantener el botón de disparo (A) pulsado y pasar el puntero por los enemigos, lo que hará que se fijen de forma automática disparándoles al soltarlo, realizando de esta forma combos que crearán objetos para el personaje como energía extra. Esta es la excusa perfecta que nos permitirá jugar con la música de forma que cada disparo que realicemos, fijación de blancos con el cursor y acertar en los blancos escucharemos sonidos y melodías que se irán entremezclando con la música de fondo de forma magistral creando según avanzamos una melodía mucho más compleja y envolvente. La experiencia se completa con unos gráficos psicodélicos que parecen extraídos de la película Tron aunque mucho más subrealistas que llenan la pantalla de color, luz y brillo acompasados en todo momento por el ritmo de la hipnotizante banda sonora trance.
Llegados a este punto, algunos de los que estáis leyendo esto podéis caer en el grave error de pensar que para jugar con algo con esos gráficos siempre será preferible ponerse con cualquier otra cosa más vistosa. Sin embargo, la experiencia de juego que ofrece Rez está muy por encima de la inmensa mayoría de juegos que existen en la actualidad, ya que es capaz de trasladar al que se pone a sus mandos a un universo que podría resultar desconocido y del que saldrá viéndose a si mismo siguiendo el ritmo con los pies y totalmente envuelto por la explosión de sensaciones difícil de describir con palabras. Simplemente hay que probarlo y disfrutarlo, ahora más que nunca por el bajo coste del juego (800 puntos Microsoft) y por las pequeñas mejoras introducidas para esta versión Live que nos darán la oportunidad de verlo en una pantalla enorme en HD a una mayor resolución mucho más absorbente, 16:9 y, lo más importante, sonido Dolby 5.1, con lo que la expresión “flipando en colores” tendrá más sentido que nunca. A pesar de este detalle, los más nostálgicos también tendrán la oportunidad de olvidarse de HD y altas resoluciones para jugar con la versión original sin las mejoras, algo que en otros títulos aparecidos en Live puede tener algo de sentido pero que en este lo vemos poco útil.
Otra de las novedades de esta versión que queremos comentar aparte es una opción que encontraremos en el menú y que incluso en la versión española pasa a llamarse Trance Vibrator. El juego por defecto vendrá sin la opción de vibración activada, así que será altamente recomendable activarla en el menú de opciones. Allí encontraremos otra opción justo debajo de esta con este curioso nombre y que a algunos les sonará de la versión especial original aparecida en Japón para PS2, la cual venía acompañada de un periférico USB con este mismo nombre que reproducía las vibraciones de la música que estaba sonando en ese momento de forma mucho más intensa que cualquier rumble pack o dual shock conocido hasta la fecha, lo que sirvió en algunos casos hasta como juguete erótico (y no es coña) de muchas personas (sobretodo féminas) que no le veían otra utilidad. Lejos de parecer moralistas, este tema llegó a causar mucho revuelo en la prensa “especializada”, sobretodo fuera de nuestras fronteras por el uso que se hacía en algunos casos del periférico, y es que estamos hablando de un aparato cuyo único cometido era vibrar al ritmo de la música y que podíamos dejarlo encima de una mesa, en una silla donde estábamos jugando o, simplemente, sentarnos encima de él para sentir el juego mucho más intensamente. La opción Trance Vibrator en Rez HD nos permitirá activar la vibración de tantos mandos de 360 como tengamos, hasta un máximo de cuatro de forma independiente o todos a la vez que harán las veces del mencionado periférico. El uso, por supuesto, quedará a discreción del jugador.
Por todo esto, podemos concluir diciendo que son muchos los motivos por los que cualquier usuario de Xbox 360 debería darle una oportunidad a este título. Por su progresivo nivel de dificultad que se incrementará según la habilidad del jugador, por la experiencia que proporciona jugar con él, su maravillosa música que engancha desde el primer momento o su fácil mecánica de juego, o simplemente por ser uno de esos juegos que dentro de muchos años serán recordados como pioneros de esta industria. No todo van a ser fontaneros o erizos, y en este caso, Tetsuya Mizuguchi nos enseña como se va creando la historia de los videojuegos, un camino que algunos seguirán en unos años, otros imitarán, pero que nosotros en definitiva estamos viviendo ahora mismo, y por ello debemos sentirnos afortunados.



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